lunes, 13 de mayo de 2013

sorrow of love


Título: Sorrow of love
Autor: Veli Mathews
Tipo: oneshot
Género: Romance/dramático
Relación: Hetero
Pareja: YuyaRi
NOTAS:
Fue un fanfic hecho para un concurso. Pero quise agregarlo a mi colección aquí y compartirlo más ampliamente. Espero que les guste.


Ya era algo cotidiano. Siempre pasaba eso entre los dos. Peleas y más peleas, ¿cómo podría ser una buena relación si eso pasaba siempre?

Los celos, el orgullo y la vanidad no dejaban que estuviéramos bien. Parecía una comedia que siempre pasaba y a la misma hora. Pero, a pesar de todo, era algo nuestro. Sólo nosotros sabíamos de qué trataba, un juego al fin y al cabo porque nos amábamos sobre todas las cosas. Pero…ésta vez era diferente.


—¡Qué me dejes en paz! ¿Qué no entiendes? Quiero estar solo —gritó Yuya a Hibari, quien trataba de ver que le había pasado. Pues, la actitud de él cuando llegó a la cita no era la de siempre.

Por lo regular, llegaban a la cita, pasaban un buen rato y de la nada; sólo por cualquier pequeño detalle, comenzaban a discutir. Sin embargo esta vez no había sido así. Algo le pasaba a Yuya. Llegó molesto desde el principio y no quería pelear, sólo se quedaba callado con esa mueca de desagrado que solía mostrar cuando estaba cansado y harto de algo.

—Espera, ¡Yuya!— Hibari lo siguió, pues estaba yéndose del lugar, para poder estar solo como deseaba.

Él caminó lo más rápido que pudo para poder perderla de vista. De verdad ansiaba estar solo. Estaba pasando por un mal momento y no creía que ella pudiera ayudarle. Sabía que cometía un error pero esa era su decisión y no quería arrepentirse de ello.

Corrió lo  más rápido que pudo. Al fin y al cabo Hibari no podría correr tan rápido con esos tacones que usaba. Se quedo en un parque, pensando.

Hibari lo busco por los lugares a donde solían salir juntos. Llamó varias veces a su celular, pero no lograba dar con él. Su angustia poco a poco aumentaba conforme la noche se acercaba y la duda de qué le pasaba a su amado la atormentaba mientras seguía buscándolo.

Mil dudas, preguntas y temores pasaban por mi cabeza. Mi pecho se estremecía cada vez que un pensamiento malo pasaba por mi cabeza. Me comencé a desesperar. La noche ya se estaba haciendo presente y aún no sabía nada de él. ¿Qué era lo que le pasaba? ¿Por qué se había portado de esa manera? ¿Le habría pasado algo malo? Esas solo eran unas cuantas preguntas que rondaban por mi cabeza…


Yuya estaba sentado en el parque mirando hacia el cielo. Vio que estaba oscureciendo y sabía que debía volver a casa, sabía que Hibari estaría buscándolo y que de seguro estaría preocupada. Pero no quería moverse de donde estaba. La noticia que había recibido le seguía rondando por la cabeza. Era algo que no podía perdonar. ¿Por qué las cosas eran las cosas así?

Sacó de su bolsillo una invitación. Volviendo a leer lo que decía, no creyendo en esas palabras y esperando que todo fuera mentira, pero sabía que no lo era. Ya lo había confirmado, la invitación que le habían mostrado no era ninguna farsa para separarlo de Hibari.

“Tenemos el honor de invitarlo a usted y a su apreciable familia a la ceremonia que se llevará a cabo entre Honda Hibari y Takamura Hayato el día 14 de agosto. Acompáñenos a celebrar su unión…”

Eso era todo lo que releía una y otra vez. ¿Cómo era posible? Ese día ya estaba cerca. ¿Cuánto tiempo más pensaba ella ocultarlo? ¿Acaso todo ese tiempo había estado jugando con él? Se desordenó el cabello al tener esas preguntas en su cabeza. No quería pensar en eso, confiaba en ella, quería hacerlo pero le dolía saber eso y que ella se lo hubiera ocultado.

Respiró hondo y decidió regresar a casa, después de todo pensar podía ser mejor recostado en la cama y acobijado sin tener que pasar frío. Caminó esperando no encontrar nada que lo pusiera de peor humor del que ya tenía.

Ya era tarde, lo seguí buscando. No me rendiría hasta encontrarlo. Seguía pregúntame que era lo que le pasaba porque, debía ser un asunto grave si estaba de esa manera. Yuya siempre solía dejar todas las cosas que no importaban así lograba tomarse la vida como es, sin preocupaciones ni nada. Llamé varias veces a su casa pero siempre obtenía la misma respuesta: “Aún no llega”,  pensé en no preocupar a sus padres y no dije nada. Sólo pedí que me avisaran si llegaba porque quería hablar con él. Quizá ellos debieron pensar que habíamos tenido una riña y por eso no lo localizaba, supongo que de cierto modo era así.


Yuya caminó de regreso a casa, tan hundido en sus pensamientos que no se daba cuenta de quienes eran las personas a su alrededor. Hasta que se topo con la persona que en ese momento menos esperaba: había chocado con Hibari. Ella lo vio y lo tomó de la muñeca al ver que él ni cuenta se había dado o la estaba ignorando.

—¿En donde has estado? Te he estado buscando por todos lados. ¿Qué fue lo que te pasó hace rato? –Hibari no quitaba los ojos de su rostro tratando de encontrar algo que le ayudara a entender que era lo que le sucedía.

Yuya no quería responder. ¿Qué se supone que diría? Seguía preguntándose si debía destapar el secreto o guardarlo para saber cuanto más iba a engañarlo. Pero, sabía que no lo resistiría, su estilo de vida no era ese. Su mente le decía que debía jugar con ella también, pero prefirió soltar todo para poder dormir tranquilo. Se giró hacía ella y la miró con determinación y algo de furia en sus ojos.

—¿Que qué es lo que me sucedía? ¿Y lo preguntas como si nada? –se safó de la mano que lo sujetaba.

—Si, quiero saberlo. No entiendo porque te portaste de esa manera. Y quiero saber que es lo que te preocupa

—Nada me preocupa, mas bien ¡molesta! –sacó la invitación de su bolsillo y se la aventó— ¿Cuánto tiempo más pensabas ocultármelo? Te casarás en unos días, ¡en unos días! ¡Por el amor de Dios Hibari! ¿Cuánto tiempo más planeabas ocultármelo y jugar conmigo?

No supe que decir cuando lo escuché. ¿Quién era quien le había dado la invitación? Jamás pensé que eso llegaría a sus manos. Quería que él no sufriera. No, aún no era tiempo de decirle la verdad. Lo amaba, esa era la verdad pero, él no lo creería.  Sólo unos días, sí, sólo unos días más esperaba poder estar con él. Reír, pasar tiempo juntos, pelearnos como cada tarde por cualquier pequeñez. Solo pedía eso, ¿Por qué tenía que haberse enterado?

Suspiré, mis lágrimas comenzaron a salir sin poderle responder. Si decía la verdad le causaría más daño, quizá…sí, quizá era mejor así. Hacerle creer que todo había sido una mentira y que siempre había jugado con él. Que me casaría con un hombre más rico y que él nunca había significado nada para mí. De esa forma quizá podría seguir adelante con su vida como lo hacía y podría olvidarme. Pero ¿por qué me dolía? Ya tenía tiempo pensando en las palabras que le diría, pero ahora… frente a frente no puede decir nada.


Él la miró. Quería abrazarla, protegerla. No le gustaba verla llorar pero no debía. Sabía que tras ese llanto podía haber otro engaño. Esperó que ella dijera algo, pero al ver que no lo hizo, se dio media vuelta y se fue.
Hibari aún tardó en reaccionar y cuando lo hizo corrió para alcanzarlo y decirle lo que había planeado.

—Yo, lo siento. Debí decirlo antes. —Pensó detenidamente cada palabra, sabía que no podía ser tan fría con él—Pasamos buenos momentos juntos pero llegó alguien más a mi vida. Quería decírtelo pero no sabía como, no quería lastimarte.

—¡No querías lastimarme?, por favor, es la peor respuesta inventada. —Yuya seguía molesto— Pero que crees, ya es demasiado tarde porque ya lo hiciste. ¡Felicidades!, ahora puedes darte media vuelta e irte lejos de mi vista. Se feliz con ese, engáñalo, juega con él hasta que encuentres a alguien más. Haz lo que te parezca mejor. Pero ya no me busques —Se volvió a girar y caminó directo a su casa. No quería escucharla decir algo más. Metió las manos a sus bolsillos y se olvidó de todo, o al menos fingió hacerlo.

No sabía que tan molesto, deprimido o decepcionado podía estar. Pasaron los días. Yo lo seguía extrañando. Esa calidez que me hacía sentir. A pesar de todo, a pesar de que era un poco bobo, siempre me hacía reír por eso. Tenía un carácter especial y espontaneo. De verdad lo amaba y seguía haciéndolo. Pero era lo mejor para él. Él día se acercó y no supe nada de él. Supongo que una parte de mi esperaba que ese día llegara e hiciera un acto tratando de parar la boda. Que termináramos peleando y discutiendo para después reírnos. Pero no fue así. Me casé. El contrato estaba sellado.


Los días pasaron y él no supo nada de ella. Sentía un vacío que lo inundaba por completo, pero debía seguir adelante. A pesar de todo, lo que habían vivido era demasiado especial como para olvidarse tan fácil. Supo que se casó y aunque su corazón lloró decidió estar feliz por ella. Después de todo, la amaba como a nadie más había hecho. Si esa persona la hacía feliz nada más importaba. No había demostrado debilidad ante ello. Seguía siendo el mismo Yuya que todos conocían. Pero un día, un mes después de la boda de Hibari, recibió una carta de ella en el salón de ensayos. Se rehusó por unos momentos a leerla, pero sus compañeros lo obligaron a hacerlo. Tomó la hoja y comenzó a leer para sí mismo sin que los demás supieran que decía.

“Hola. La verdad es algo extraño estar escribiendo esto. Como ha de ser extraño para ti estarlo leyendo ¿no es verdad?
“De seguro te rehusaste a querer leerla como yo a querer escribirla. Y muy probablemente la estarás leyendo tú en silencio antes de que alguien más la leyera, como yo al escribirla.
“Apuesto a que estás bien en tu vida, que todo marcha a la perfección. Sé que fue una mala idea escribirte esta carta pero era la única forma en que podía decirte la verdad sobre todo. Y este era el tiempo en que debía hacerlo.
“Nunca quise causarte daño pero lo hice. Sin embargo te herí porque te amo. Te lastimé por amor, por un amor verdadero y eterno. No quería casarme, pero era la única forma en que estuvieras bien sin mí, a que te acostumbraras a estar sin mí. Los dos pasamos momentos hermosos ¿verdad? Siempre nos divertimos y siempre nos mantuvimos juntos, alegres. Pero no podía decirte la razón por la que quería que dejaras de estar conmigo. Al menos no en ese tiempo.
“Si lees esta carta es porque ya no existo, al menos no en este mundo. Estaba enferma desde hace un tiempo. Y sólo tenía unos días de vida. Perdóname por no tener el valor de decírtelo a la cara y desde que supe que moriría.
“¿Sabes por qué no quería que supieras del compromiso? Porque no amo a esa persona, sólo te amo a ti, te he amado a ti. Quería pasar el último tiempo juntos, lamentablemente no fue así y ese fue el último día que nos vimos.  Pero eso no significó que dejara de pensar. Todo el tiempo lo hice. Siempre pensé en ti. No quería que me vieras en mis últimos días. Lo siento.
“Te amo Yuya, mi Bakaki. Espero y no te pongas a llorar y me recuerdes con una sonrisa por todo ese tiempo que pasamos peleando. Cuídate y siempre sé feliz
                                                                                                                                                  Atte: Hibari”

Yuya seguía leyendo. Se detenía en momentos pero leyó hasta el final mientras sentía como su corazón se estrujaba. Terminó de leer y salió corriendo. Todos lo miraron sorprendidos y queriendo saber que era lo que decía la carta para que saliera corriendo.

Con el corazón llorando y sólo eso fue hacia la casa de Hibari para desmentir la carta, aún no quería creerlo, no quería creer que era cierto  y que ella había muerto. Pero esas esperanzas se desmoronaron cuando llegó y preguntó.

Ella había muerto. Al parecer tenía una rara enfermedad que se desarrolló muy rápido y que provocó su pronta muerte. Él visitó su tumba con un ramo de rosas en las manos.

—Fuiste egoísta Hiba-chan —Se arrodilló frente a la tumba— ¿Por qué decidiste dejarme a un lado cuando sufrías? ¿Por qué no me dijiste todo? Pude haber sido tu fuerza, pude haber estado todo el tiempo para ti. No importaba si morías yo quería estar contigo y disfrutar de todo el tiempo juntos, los dos, sólo los dos. —Hizo una pausa mientras dejaba el ramo en el suelo, frente a la tumba— Tú no amabas a ese tipo y te casaste. Sé que fue para dejar asegurados a tus padres y evitarme el dolor de perderte, pero ¿Por qué no lo hiciste conmigo? ¿Por qué no te casaste conmigo? Hiba-chan… —Bajó la mirada—Algún día nos encontraremos de nuevo ¿verdad? —Las lagrimas brotaron de sus ojos aún contra su voluntad— Podremos estar juntos y recuperar lo que tu egoísmo hizo que perdiéramos. —Rió para si, imaginando lo que ella podía haberle replicado y entonces pelear, para después reír y contentarse— Esperaré ese día Hiba-chan. Nos volveremos a ver —Sonrió frente a su tumba. Después de todo no quería que lo viera llorar. Esa no era la cara que quería que viera.

Fui quizá una tonta. Pero sé que eso disminuyó el dolor que pudo haber sentido. Aunque lo lastimé, lo hice por amor. Ahora él puede estar feliz porque de alguna manera se acostumbró a poder vivir sin mí. Era un tonto, pero era mi tonto y nos amábamos como nadie en la tierra puede amar. Nuestra unión y relación fueron únicas. Verlo poder seguir adelante me hace no arrepentirme de mi decisión. Después de todo, algún día nos volveremos a ver y podrá decirme de nuevo todo eso que dijo y podremos pelear y discutir por trivialidades, por pequeñeces y volver a reír.

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